La persona que va por la vida sujeta al sentido común se enfrenta a la presencia de un mundo definido: no importan las formas en las que la incertidumbre se exprese, siempre la interrogante de nuestra existencia será -racional o científicamente- resuelta. Solo saber que nada sabemos es el comienzo. Un comienzo que en busca de explicaciones es la misma salida de un laberinto sin acceso a escapatoria.
Empezar a asumir nuestra ignorancia en una sociedad donde cada día se nos exige más sabiduría es, al menos al principio, darle sentido a una vida que no se pidió vivirla. Con dogmas o sin ellos, lo cierto es que nunca más se presenciará la misma. Usufructuémosla. Que se talle en el imaginario social que, así como nuestro origen, nuestro fin es la nada. Nunca sabemos como vinimos, ni nunca retornaremos para explicar cómo nos fuimos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario