viernes, 6 de enero de 2017

Desde tu sobrino-nieto: adiós

El 28 de junio del 2016 se apagó la llama de la existencia para uno de los más distinguidos hidalgos de la nobleza calificada. Un hombre de antaño que ni la vejez pudo diluir su chispa inquebrantable de algarabía para con todo aquel que, por lo menos, supo quién era el señor Santiago Oliveros.
 Él, un caballero andante que a pesar de disfrutar de una avanzada edad, era visto por todos los rincones del centro de Chimbote y saludado por hasta el menos concurrente callejero, quien si es que no era reconocido, el tunante Shanti sentenciaba: “Quien será ese cojudo, ya no veo”.
Y era esa incapacidad de ver lo que produjo en él sus desdichas. Nunca vio –además de los que cerca pasaban– que una familia podría ser el soporte y amparo de su vida. No vio que el  desordenado vivir y la picardía al enamorar ocasionaría una vida plagada de soledad hasta el último de sus días. No vio de esa manera que las equivocadas decisiones estimularían el aislamiento de sus seres más queridos.
Lamentablemente, la peor equivocación cometida no le pertenece a él, sino a su verdadera familia. Antes de su trágica caída, ella no pudo ver el mejor estado del hombre que religiosamente cada domingo los visitaba con un ímpetu de niño para pasar un almuerzo, en el que, celebrado hasta por sus sobrino-nietos, era el primero en servirse y el último en acabar. Esos domingos donde el sonido del timbre junto con un “ya llegó Shantingo” era el inicio de un festín de alegría para todos. Esa afanosa y noble actitud la manifestó –una vez más– siendo el primer promotor de las conmemoraciones católicas de sus fallecidos familiares, los cuales deben ahora estar siendo partícipes del regocijo y gozo protagonizado por él desde su partida.
La imposibilidad de lo eterno se manifestó en su expiración de este mundo. Encuéntrese donde se encuentre,  no cabe duda que el recuerdo de aquel hombre de elegante gracia y argucia exquisita permanecerá constante en el sinfín de nuestras memorias.

Hasta siempre, Shantingo.

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